martes, 16 de julio de 2019

En mi territorio no

     Te levantas por la mañana con la ilusión de que un año más vas a pasar el día en tu playa favorita. Yo que odio madrugar me levanto como un rayo porque para ir a la playa no hay pereza que valga. Bocatas y bastante agua fría (vamos a una playa sin servicios), sombrilla, toallas y crema para el sol. Poco más ¡no hace falta bañador, que nosotros de eso no usamos!

     La anécdota que hoy comparto ocurrió en el mes de julio del año pasado, en una playa cualquiera porque realmente ese es un dato irrelevante, podría ocurrir en cualquier sitio de tradición nudista. Después de una caminata llegamos a la orilla de ese mar Mediterráneo que cada año me abraza con cariño, que me cuida, que me envuelve y me transporta a mi paraíso personal.

     La primera decepción era previsible, mucha tela cubriendo los cuerpos de quienes parece que no han descubierto el placer de la desnudez. No importa, es julio y era de esperar, no me van a amargar la jornada. Se pone en marcha una estrategia milenaria que todo nudista aprende a ejecutar de forma innata como si estuviera programada en nuestros genes más ancentrales y que ha sido transmitida de primate en primate sin necesidad de verbalizarla siquiera: buscar con la mirada la zona donde menos bañadores hay y dirigirnos presurosos hacia esa zona de la playa con la intención de hacer frente común.

     Bien, instalado el campamento solo resta disfrutar, por suerte aún queda una zona en la que los bañadores no han ganado la batalla. Pero aún quedaba una sorpresa en este bonito y soleado día de playa. Una familia compuesta por padre, madre, hija adolescente y dos niños más pequeños va caminando en busca del lugar en el que poner sus toallas y al acercarse a nuestra zona, comienzo a ejecutar uno de mis juegos favoritos que se desarrollan únicamente en mi cabeza: por su apariencia... ¿serán nudistas o textiles? Piensa, piensa, piensa.

     Prometo que durante un rato la balanza se inclinó hacia que eran nudistas, pero este juego sigue resultando apasionante (en mi cabeza) porque fallo de manera estrepitosa de forma habitual. Justo al pasar a nuestro lado la madre se para visiblemente sin aliento y propone quedarse ahí, pero sus hijos dicen que no. Ella insiste molesta y al parecer cansada pero sus hijos con mucha más fuerza dicen que no y que no y que no, el padre parece no tener opinión. No logro, a mi pesar, oír toda la conversación, pero finalmente y de forma muy clara oigo que la hija adolescente dice alto y rotundo "es que no queremos ver cosas".


     Cosas. No queremos ver cosas. COSAS. Eso es lo que dijo: cosas. Y puso mucho énfasis en la palabra final, como si le quemase en la boca. Si hubiéramos estado en un bazar chino entre las secciones de fiambreras y menaje del hogar, podría haber pensado que al hablar de cosas se refería a, no sé... ¿trapos de cocina, cintas de casette, cuadernos con sudokus, tazas de la Hello Kitty, mondadientes quizá? Pero estamos en una playa nudista y a pesar de tener el sol apretando fuerte sobre mi cabeza las neuronas me funcionan lo suficiente como para establecer la conexión.

     Cuando la niñata... perdón, cuando la educada y sincera adolescente con el móvil pegado a su mano dijo que no querían ver cosas y nos miró de reojo como con asco, se refería a genitales. Sí, los genitales de los nudistas son eso, cosas. A partir de ahora acuérdense: lo de mear se llama cosa.

     Suerte que hace años que no me fío de mi maltrecha y volátil memoria y tengo la costumbre de apuntar todo aquello que me parece relevante, así que observador y prudente saqué mi libreta de la mochila y me apunté la anécdota, que no estamos para desperdiciar este tipo de COSAS (en este caso no me refiero a genitales, aunque los genitales tampoco haya que desaprovecharlos, claro). Y ahora que se acerca el verano y soy consciente de que este tipo de situaciones las volveré a vivir una y mil veces, traigo a mi cabeza (previo repaso de la libreta) esta anécdota que me lleva a reflexionar sobre varias cuestiones. O quizá más que reflexiones tengo preguntas.

     ¿La educación recibida en casa influye en esta reacción de los hijos? No lo tengo claro, porque la madre parecía no tener problema en quedarse allí, pero habría que ver cómo se comportan en casa, si determinadas partes del cuerpo son un tabú, si se desnudan con naturalidad, si se esconden unos de otros, si una cosa son las palabras y otra los actos. Cuando los mensajes son contradictorios la respuesta es imprevisible.


     Pero voy más allá, porque el tema de la educación ya lo hemos tratado unas cuantas veces en este blog. Me preocupa que tengamos que aguantar este tipo de groserías, cuando no insultos, en nuestro propio territorio. Vale, ya sé que estamos en un espacio público y abierto, que la playa no es de nadie y que no es mi territorio, pero sinceramente, en un lugar en el que los nudistas llevan desnudándose décadas lo mínimo que espero es un poco de respeto. Y si no eres capaz de educar a tus hijos para que se callen la boca cuando ven cosas (cosas por dios ¡¡cosas!!) te pido que te los lleves a una playa en la que no vayan a visualizar genitales al aire ¿es mucho pedir?

     Y sólo hablo de los adolescentes porque entiendo que los niños pequeños son más imprevisibles y a los adultos les pido mucho más: si les molesta , por favor, que no vayan a dirigirme miradas de desprecio, a criticar mi libertad con su familia o amigos estando yo presente, a cuchichear y reírse mientras me señalan, o a molestarme directamente con su prepotencia y sus insultos. No, en mi territorio no.

     Porque en mi territorio yo sí quiero ver cosas, quiero ver ese tipo de cosas que no se ven con los ojos: quiero ver libertad, educación, respeto y convivencia. Sólo eso. Sólo esas cosas. Cosas bonitas, sin más.

Eladio.

sábado, 6 de julio de 2019

Nada por aquí, nada por allá.



Cuando hablamos de nudismo suelen surgir muchos miedos, desde que es antihigiénico andar desnudo hasta que lo que se busca es provocar. Mónica Quesada Juan nos ayuda a desterrar esos mitos y nos habla de los beneficios del naturismo para mujeres y hombres


Los beneficios de estar desnudos


Imagínate sobre tu toalla, ninguna prenda apretando tu piel, en contacto total con todo lo que te rodea. Oyes a tu alrededor el murmullo del agua y pensar en su contacto con tu piel hace que un escalofrío de placer recorra tu cuerpo. Levantas la vista y observas con alegría como cualquier cuerpo, vivido en su plenitud, es bello.

Ahora vuelve a imaginarte la misma situación sólo que con un “pequeño” cambio: llevas bañador, lo que equivale a que a veces te aprieta, si está húmedo es muy incómodo y cuidando que no se vea nada “indebido” fuera de él. En resumen, un engorro.



Cuando hablamos de nudismo suelen surgir muchos miedos, desde que es antihigiénico andar desnudo hasta que lo que se busca es provocar. Pero parémonos a pensar un momento: hablando de higiene, ¿no será más antihigiénico (e incómodo) andar con una prenda mojada? Es más, por regla general, en zonas naturistas se suele usar toallas o telas para sentarse en sitios compartidos, tanto por salud propia como por ajena.

Por otro lado, encontramos el argumento de que las personas que realizan nudismo lo hacen para exhibirse y provocar. Si alguien se quiere exhibir, lo puede hacer de muchas maneras; desnudarse es una de ellas, pero ni mucho menos la única. Y por supuesto que habrá mucha gente que lo haga por ese motivo; al igual que habrá muchísima gente que lo haga porque está más a gusto así, en contacto con su propio cuerpo sin telas de por medio.



Y así llegamos a la razón que más incondicionales suele tener: la gente que hace nudismo es porque quiere provocar. Eludir la responsabilidad es una costumbre que da lugar a muchos errores. Un cuerpo desnudo, por sí solo, no provoca. Tiene que haber, necesariamente, unos ojos que miren y que reaccionen a esa escena. Y cuando hablamos de provocar, algunas personas se creen con el derecho de opinar sobre ello. Si partimos de la base de la responsabilidad, de la que hablamos antes, esto último pierde sentido. Por ejemplo, imagínate que a mí me gustan los helados. Y con este calor, me gustan aún más. Y, andando por la calle, veo a alguien con un helado gigante de tres sabores. Si actúo como decíamos antes, tengo derecho a:

– Quitárselo o darle un lametón, porque es culpa SUYA que a mí me guste el helado.

– Pegarle cuatro gritos y decirle que se vaya inmediatamente de mi vista, que a mí me provoca su helado.

Curiosa escena, ¿verdad?




Y lo que más curioso me resulta es la idea de que practicar nudismo atenta directamente contra nuestra autoestima. Por un lado, algunos hombres temen entrar en comparación genital con otros y salir malparados; y las mujeres temen no tener el cuerpo correcto para mostrar. Pero el mayor problema que hay en estas ideas es que el foco de atención es totalmente externo. Si movemos dicho foco desde lo que pensarán los demás a cómo me siento yo, apostaría todo mi reino sin temor a perderlo a que todo el mundo sería nudista.

Pero si aún así quieres mantener el foco fuera, te darás cuenta que sus cristales están totalmente distorsionados por nuestra cultura: tanto hombres como mujeres, al entrar en terrenos libres de textiles, observan cómo aquello que pensaban que iba a desentonar es uno más de tantos; de hecho, lo que es menos habitual es la imagen corporal que vemos en los medios. Así pues, todas esas dudas se disipan y la autoestima es más probable que aumente. 




Ya lo dice Paul Fussell: “un corto tiempo en playas naturistas persuadirá a la mayoría de las mujeres de que su busto y su cadera no son ‘anormales’ como ellas piensan cuando están solas, espantadas por el espejo, sino totalmente naturales. Las anormales pasan a ser las criaturas inexistentes representadas en la pintura y la escultura. Lo mismo ocurre con el hombre: si piensa que la naturaleza ha sido injusta con usted en el reparto de anatomía sexual, pase algún tiempo entre naturistas. Aprenderá que todos los hombres se ven más o menos igual, y que los ‘atributos heroicos’ son deformidades”.

Y, por supuesto, uno de los mayores temores masculinos es que se produzca una erección. Es curioso como en una sociedad hipersexualizada se castiga cualquier manifestación corporal. La erección del pene es natural, así como la erección de los pezones. Si se produce, la opción es vivirla como lo que es, algo natural, no hay que hacer nada con ella, no hay que manejarla. Vívela sin más.




Lo que está claro es que el nudismo, ante todo, provoca una liberación mental y corporal. Te ayuda a entrar en contacto contigo, a aceptarte tal y como eres. Es más, en zonas nudistas desaparecen las exigencias del canon de belleza, todos los cuerpos son bellos porque son libres. Dan igual los tamaños, los pesos y las edades: todos los cuerpos encuentran la belleza que da la libertad. La ropa no hace más que deformar lo que es natural. La satisfacción de no tener que tapar lo que es tuyo es placer en estado puro.

Y ya lo decía RuPaul: Nacemos desnudos, el resto es travestismo.




Fuente:
https://www.pikaramagazine.com/2011/08/nada-por-aqui-nada-por-alli-afinando-el-organo/

miércoles, 26 de junio de 2019

Ciclonudista de Madrid


El pasado día 8 de junio los autores de este blog junto a un par de amigos más, decidimos estar en Madrid para poder participar de la decimosexta edición de la marcha ciclonudista.
Era algo que nos llamaba la atención a todos y desde hace años teníamos esa espinita de poder participar algún día, así que después de organizarnos y con los nervios a flor de piel, fuimos llegando desde Salamanca, Málaga, Jerez y Sevilla.




Por más que los cinco somos nudistas desde siempre y hemos disfrutado desnudos en infinidad de escenarios diferentes, nunca lo habíamos hecho en pleno centro de Madrid, un sábado y a hora punta. Era nuestra “primera vez”.

La toma de contacto con otros ciclistas fue en Cibeles y allí ya se respiraba el ambiente de nervios y curiosidad por lo que estaba a punto de suceder. Alguien de los organizadores nos indicó que deberíamos acercarnos al Retiro para quitarnos la ropa y desde allí iniciar la marcha que comenzaría dando varias vueltas a la fuente de la diosa, tan fresquita ella, rodeada de surtidores de agua. Cuando dan la voz de ¡Comenzamos! Ya los nervios se notaban en nuestras caras. ¿Dónde nos hemos metido?

Lo cierto es que después de unos cientos de metros y ya lanzados a transitar por la Gran Vía madrileña, yo me había olvidado ya que iba desnudo, la sensación era la de un turista más, paseando por esa bulliciosa ciudad y disfrutando de la compañía de tantos otros que iban tan a gusto como yo.
El trayecto fue un poco anárquico, nada organizado, “Por donde vaya fluyendo” Nos dijeron.
Y fluyó de tal manera que pedaleando recorrimos toda la Gran Vía, calle Génova, Plaza de Colón, Serrano, Alcalá, calle Mayor, Bailén y hasta un paseo por la mismísima plaza de Oriente. No sé cuántos kilómetros ni cuánto tiempo, pero todo acabó en un estupendo picnic en un soleado y tranquilo parque donde poder hacer una primera evaluación de lo sucedido con los demás participantes.

Mi experiencia, altamente positiva. La acogida de la gente estupenda, recordemos que el objetivo de la marcha era concientizar a la sociedad lo desprotegidos que van los ciclistas frente al abrumador tráfico de Madrid. Muy pocas voces escandalizadas pude escuchar, y digo pocas contando solo con los dedos de una mano. En general caras de sorpresa, apoyo, risas y aplausos es lo que me llevo de ese sábado por la mañana junto a mis amigos. No creo que vaya a repetir, al menos en esta ciudad, pero fue una experiencia bonita donde también hemos estado presentes distintas asociaciones y blogueros, desnudos, siempre desnudos y disfrutando de esa desnudez.

Quique.


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"Desnudos frente al tráfico" es el lema con el que nos montamos en la bici para pedalear durante algo más de dos horas por Madrid. Y "desnudos ante la vida" es el lema que nos une a este grupo de cinco amigos (y unos cuantos más que no nos pudieron acompañar) desde hace unos cuantos años ya. Si con alguien deseaba intensamente vivir esta experiencia era con ellos: mis amigos nudistas, compañeros de vida.

¡Con nuestro blog a todas partes!
Porque una cosa es pensar cómo va a ser y otra vivirlo, es realmente una de las experiencias de mayor impacto que he vivido desde que hago nudismo hace ya tantos años que casi ni me acuerdo. A mí no se me olvidó tan rápidamente que iba desnudo por la capital de España, sobre todo por la cantidad de personas que nos apuntaban con sus móviles a cada paso, como si lo nuestro fuera algo extraño y lo suyo, aferrados a su móvil para inmortalizar la anécdota y poderlo compartir en tiempo real a saber con cuántas personas, fuera lo normal.

Es cierto que la mayoría se limitaba a mirar y no decía nada, aunque algunas personas nos animaban (muy de agradecer) y algunas otras nos mostraban su rechazo de forma directa y bastante hostil. Quizá no fueron muchas, es cierto, pero no podemos olvidar que si generamos rechazo no fue por reivindicar una ciudad más amable con las bicicletas, sino porque lo hacíamos desnudos. El desnudo hoy en día sigue generando controversia, cuando no rechazo frontal y directo.

¿Chucky sin cabeza haciéndome una foto a mí?
En un determinado momento se me ocurrió que si yo sacaba mi móvil y comenzaba a hacerles fotos a ellos, los espectadores de nuestra sencilla manifestación, tan sencilla que ni ropa llevábamos, podría divertirme al ver su reacción. Y efectivamente, porque las caras de sorpresa se alternaron con sonrisas y caras divertidas. Incluso Chucky decidió quitarse la máscara y guardar en su teléfono instantáneas de la ciclonudista... pero yo fui rápido y lo inmortalicé para siempre jamás con su verdadera identidad. Curioso, cuanto menos.

Por lo demás la jornada pasó de forma entre agradable y divertida, conociendo a personas interesantes y compartiendo charlas en la forma que más nos gusta: naturales, sin disfraz.

En definitiva ¿una experiencia para repetir? El caso es que no me lo planteo, yo soy más nudista que aficionado a montar en bici, así que una vez vivida la decimosexta edición, creo que dejaré que sean los auténticos ciclistas quienes reivindiquen a su manera el tipo de relación que quieren tener con los otros como vehículo ecológico. Yo me quedo con el recuerdo de un día magnífico con amigos y prometo que usaré más la bici. De hecho, ya lo estoy haciendo. Es un buen inicio ¿no creéis?

Eladio.

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Cuando el nudismo forma algo tan importante en tu vida, el tiempo hace que vayas abriendo el campo a otras situaciones en las que poder disfrutar desnudo y una de las actividades que más me llamaban la atención era ver como en muchos lugares del mundo se celebraban ciclonudistas, en un ambiente festivo y acogedor. 

Un grupo de amigos habíamos hablado muchas veces de que nos gustaría participar en alguna de ellas, y este año parece que los astros se alinearon y propiciaron que pudiéramos coincidir y participar en la ciclonudista de Madrid. Pensar en poder pasear todos juntos y desnudos por el centro de Madrid me infundía un gran subidón.




Una vez reunidos y recogidas las bicicletas, nos dirigimos hacia Cibeles, punto de encuentro de todos los participantes. Al llegar no vimos demasiada gente, pero por el contrario si había bastantes micrófonos y algunas cámaras. Esto en un principio a mí me amedrentó, pues una cosa es desnudarte y disfrutar de forma discreta de esta desnudez, y otra estar en primer plano de las cámaras, micrófonos y móviles.

Llegado el momento, empezamos a circular, en principio vestidos, para dirigirnos a otro lugar un poco más discreto e “íntimo” donde nos desnudamos para empezar la ciclonudista como tal. Allí ya éramos un grupo bastante más numeroso y me sentí un poco más tranquilo. 

Sin embargo, cuando empezamos a circular por las calles céntricas de Madrid, un sábado en plena celebración de la Feria del Libro, lleno de turistas además de los numerosos habitantes de Madrid y nos convertimos de nuevo en el punto de mira de todos ellos, volví a sentir una sensación de intimidación.




Poco a poco me fui acostumbrando a esta situación, y aunque para mí era lo menos agradable de la experiencia, mi ánimo se fue normalizando, en parte porque te vas adaptando a la situación, pero, sobre todo, porque estaba rodeado de amigos y entre todos íbamos comentando y compartiendo nuestras vivencias, y empecé a disfrutar realmente de esta ciclonudista

Fueron más de dos horas y media transitando desnudos por Madrid que me generaron sentimientos ambivalentes, por un lado, la intimidación de sentirte observado, fotografiado y comentado, pero por otro, mucho más importante, disfrutando de las principales calles y monumentos de Madrid y ver que lo haces como más te gusta, ¡al desnudo!




Mi experiencia ha sido muy enriquecedora y me alegro de haberla realizado. Es cierto que, aunque recibimos algunos comentarios bastante negativos (desde llamarnos guarros hasta que “somos escoria”), la mayoría fueron aplausos y comentarios de apoyo entre muchas caras de alegría y otras de asombro y de incredulidad.

Aprovechamos la ocasión para, además de apoyar el uso de la bicicleta y de los ciclistas que se encuentran “desnudos ante el tráfico”, promocionar esta filosofía de vida nudista, poniendo en nuestras bicicletas carteles del blog y de dos asociaciones, DxN y la AAPNC, que luchan a diario por el nudismo. ¡Y también tuvimos el gusto de conocer a SNEM!




En definitiva, magnífica experiencia vivida, en gran parte gracias a que estuve rodeado de mis amigos y no descarto que los astros se vuelvan a alinear de nuevo y nos permita poder revivirla en otros lugares de amplia tradición ciclonudista, como Brighton, Londres, París o Bruselas. ¿Nos apuntamos?

Nakedu

viernes, 21 de junio de 2019

Aprisionado en la ropa


Me ha parecido muy interesante este artículo que compartimos hoy, porque exterioriza y pone de manifiesto muchos pensamientos y sentimientos que, en mayor o menor medida, experimentamos todos los que consideramos el nudismo como una parte muy importante de nuestra vida.

Un hombre adicto a estar desnudo dice que usar ropa hace que su piel se "abrase"

Kyle odia usar ropa y no quiere sentirse diferente por estar desnudo (Imagen: MDWfeatures / Kyle Durack)












Kyle Durack, un actor y productor de British Columbia, Canadá, dice que es adicto a la desnudez. 

El joven de 27 años siente una aversión tan grande a la ropa y dice que cada vez que la usa, hace que su piel se "abrase". 

Cuando era niño, Kyle esperaba a que sus padres se fueran a la cama antes de quitarse la ropa. Ahora lo hace donde puede, ya sea entre otros nudistas o no. Insiste en que después del shock inicial, la gente se adapta rápidamente a él y piensa que el nudismo debe aceptarse como una opción de estilo de vida pública. 

A lo largo de su vida, Kyle se ha fascinado cada vez más con la comunidad nudista y comenzó a hacer más cosas al desnudo. Ahora odia la sensación de cualquier ropa, pero tiene que usar ropa para trabajar, por desgracia. A menudo, mientras trabaja, anhela desnudarse en algún lugar y estar en su estado natural.

Dice que su piel se "abrasa" cada vez que tiene que usar ropa (Imagen: MDWfeatures / Kyle Durack)


"Siempre me encantó estar desnudo, pero para mí no es realmente una opción", dijo Kyle. "Si estoy mucho tiempo sin estar el suficiente tiempo desnudo, mi piel se empieza a abrasar, y mi mente se convierte en un disco rayado, insistiéndome en que me quite la ropa. Encontrar un lugar seguro para desnudarme se convierte en mi principal objetivo".  

'Cuando era adolescente pensé que algo andaba mal en mi, y recuerdo que buscaba en Google a las personas que son adictas a estar desnudas para intentar encontrar algunas respuestas. "Pero en ese momento, estaba demasiado condicionado por la vergüenza corporal para poder aceptar que era nudista, aunque definitivamente lo era".


Dice que su piel se arrastra cada vez que tiene que usar ropa (Imagen: MDWfeatures / Kyle Durack)


Añadió que cuando está desnudo, está más relajado y su cuerpo puede respirar. 'Puedo sentir el aire en mi piel y sentir la textura de diferentes superficies en lugar de la misma tela frotándome todo el día. 'En casa, siempre estoy desnudo. Me encantaría estar desnudo durante todo el día fuera de mi hogar, pero desafortunadamente, la sociedad no acepta el nudismo como una opción de estilo de vida pública apropiada ".

Él piensa que el nudismo debe ser aceptado como una opción de estilo de vida pública (Imagen: MDWfeatures / Kyle Durack)

Kyle señala que si se vistiera totalmente de negro o llevara piercings en el cuerpo o ropa de mujer, las personas no podrían objetar tanto como lo hacen con la desnudez. "Pero si mi elección de vestido es no ponerme nada y estar cómodo, me podrían arrestar". Algo está muy mal con eso en un supuesto "país libre". Aunque sus padres no tienen ningún problema con eso, Kyle admite que algunos de sus amigos se han negado aceptar su estilo de vida nudista.

Tiene que usar ropa para trabajar, pero no puede quitarse (Foto: MDWfeatures / Kyle Durack)


Pero ha hecho otros buenos amigos entre la comunidad nudista que él siente que es más abierto e igual entre ellos que los vestidos. 'Nadie tiene nada que ocultar y todos son completamente iguales. Lo hace para crear grandes amistades ', agregó. 'Hay una cierta moralidad en la comunidad nudista, todos se aceptan como son. No importa cuál sea su tamaño, la vergüenza del cuerpo está muy mal vista a pesar de todo. 'Creo que el mundo podría usar un poco más de esa perspectiva. "No hay diferencia con hablar con un nudista que hablar con una persona que usa ropa. Siguen siendo personas, solo se puede ver toda su piel. Al final del día, la piel es solo piel '.


Fuente:
https://metro.co.uk/2019/05/13/man-addicted-to-being-naked-says-wearing-clothes-makes-his-skin-crawl-9515366/?fbclid=IwAR272YhSBhwdf9rn9HIzPRqDIk29_dOkRf7rpfnQhcs_87cfWCBr5iQYD7I

Traducción: Google Translator


martes, 11 de junio de 2019

La verdad desnuda, por José Tándem

La exposición fotográfica ‘La verdad desnuda’, de José Tándem, ha sido expuesta en la sala L del Centro de Arte La Recova, en Santa Cruz de Tenerife, España.


El autor, José Tándem


Ahora, cuando las redes sociales nos muestran personas estéticamente intachables gracias a elaborados filtros de procesado de la imagen y en un momento en que la imagen visual ha cobrado vital importancia, esta exposición fotográfica desafía las retinas de los espectadores y nos insta a que seamos capaces de reconocernos sin retoques, tal como somos, independientemente de las estrechas cinturas, largas piernas y nada de celulitis o de marcas en la piel.



Cuerpos normales que marcan la evolución del tiempo con sus arrugas, sus estrías, sus cicatrices de la vida. Cuerpos tatuados, con sobrepeso, operados para modificar lo que la naturaleza les negó, cuerpos que muestran cambios de género, cuerpos de madres gestantes o de personas muy delgadas o cuerpos de década en década desde los 18 hasta los 72 años. Así de variado, como la vida misma, es el paisaje humano que nos presenta ‘La verdad desnuda’.



El proyecto de José Tándem (Las Palmas de Gran Canaria 1967) resultó elegido para la Bienal de Fotografía de Tenerife con una gran acogida entre decenas de proyectos de diferentes países y cuenta en las redes con referencias nacionales e internacionales de movimientos que apoyan el cuerpo real como una parte de la necesaria aceptación del tal como somos.



“En estos tiempos -indica Tándem- “todos sabemos que las fotografías de una portada de moda, por ejemplo, están absolutamente retocadas en la mayor parte de los casos. Sabemos que esa persona que se nos muestra no es real sino que ha sido procesada por medios técnicos que son capaces de modificar cualquier cosa. Aún así queremos ser como esa persona ideal pese a que somos conscientes de que no existe. Evidentemente, nunca lo conseguimos y en algunos casos, mucho más en las personas más jóvenes, el no llegar a ese ideal causa una frustración que puede derivar en otras muchas cosas”.



El artista pretende que todo el mundo encuentre en esta muestra un cuerpo como el suyo, de forma que vayamos perdiendo el miedo a la dictadura del Photoshop, “cuyo uso me parece ideal cuando lo que trata no es de cambiar a la persona hasta convertirla en una desconocida”, expone el autor, indicando que este tipo de excesos está teniendo también su respuesta entre famosos y habituales de las revistas.


Una de las modelos del proyecto lo definió como “la elaboración de un mapa del cuerpo humano” y así lo evidencia la pieza principal de seis metros compuesta por 450 fotografías de todos los cuerpos que pasaron por el estudio del fotógrafo.



Pero la muestra cuenta igualmente con un alto componente social, añadió, como “cuando la cámara te da la posibilidad de mostrar un montón de aspectos del ser humano que generalmente son tabú, como la mujer que ha pasado por un cáncer de mama y lleva en su cicatriz todo un debate sobre la femineidad que los hombres no llegamos a comprender. O cuando un transexual te cuenta y puedes observar que efectivamente ha nacido en el cuerpo equivocado y te imaginas el duro proceso de aceptarse a si mismo o cuando una persona te muestra todo eso que esconde por miedo a un rechazo porque no es consciente de que finalmente todos somos iguales, es cuando notas que el trabajo ha merecido la pena”.

El cuerpo equivocado


‘La verdad desnuda’, el mapa del cuerpo humano que realmente somos, estará abierta para todos los públicos con sus imágenes de cuerpos sin ropa lejos del sensacionalismo.






Fuente:

Fotografías: 
Todas las imágenes de © José Tándem, de su trabajo "La verdad desnuda"

Puedes obtener más información visitando su Web o Facebook

jueves, 6 de junio de 2019

Desnúdate, tenemos que hablar.


Estaba leyendo en estos días un artículo que cayó en mis manos y donde se hablaba de todas las cosas que hace la gente para ocultar su cuerpo. Decía la protagonista de esa historia que se había pasado la vida haciendo caso a estilistas y asesores de imagen donde le recomendaban un tipo de prendas para disimular las caderas, o para la barriga, para parecer más alta o más delgada. Distintos tipos de maquillaje para disimular o resaltar sus facciones. Que si un sombrero determinado o hasta joyería específica para realzar una parte del cuerpo.


Comentaba la autora del artículo que un día de repente en una charla de amigos sale el tema y le dicen que todo eso no tiene sentido, que estar desnudos es la mejor experiencia. Que para ellos es su estilo de vida y que no les importa que se vean los michelines, los pechos caídos o muy pequeños, la barriga, las manchas de la piel y hasta las cicatrices que la vida ha ido imprimiendo en sus cuerpos. Todo eso no significa nada cuando uno está disfrutando de estar desnudo y en paz con su propio cuerpo, que es el que tenemos y el que debemos valorar.

Después de defender sus razones de estética, de pudor y de decoro, no dejó ella de darle vuelta a lo que sus amigos le habían contado y fue creciendo esa sensación de curiosidad que muchos hemos tenido en algún momento.

El verano siguiente aceptó ir a una playa nudista con sus amigos y si bien en un principio le costó quitarse la ropa y los complejos, finalmente lo hizo.

Esta mujer que probó y repitió experiencia es ahora una ferviente defensora del nudismo, le cambió la vida, sus valores y sus prioridades cambiaron y, quien lo diría, ya no oculta su cuerpo no solo a la mirada de los demás sino a la suya propia.

La grandeza del nudismo y como hace que todo adquiera su verdadera dimensión es el relativizar. Si nos comparamos con los cuerpos de revista siempre encontraremos algo que nos falta o nos sobra, pero allí es donde debemos recurrir a nuestra objetividad y poner en la balanza nuestro bienestar y lo que importa de verdad.


Cuando estamos desnudos junto a nuestros amigos o nuestra familia somos nosotros mismos, lo último que uno se fija es el cuerpo de los demás.

Me contaba un amigo una anécdota que le sucedió en un encuentro de nudistas donde conoció a una mujer con la que estuvo hablando un tiempo y a la que recordaba perfectamente, como también las cosas que habían comentado y los temas tratados. Días después cuando vio unas fotos del encuentro, se dio cuenta que esta señora estaba operada de un pecho y que le faltaba, solo tenía una gran cicatriz.  Él estuvo frente a frente con esta persona y no se dio cuenta del detalle.

Esta es solo una anécdota, pero los que estamos acostumbrados a frecuentar lugares donde la gente se desnuda cómodamente sabemos que es así. Nadie está pendiente de tus pechos, ni de tu sobrepeso o de tu pene pequeño. Solo importa que estas con tus amigos y amigas, que eres tú mismo sin barreras y lo principal, que tu estas a gusto con tu cuerpo.

Qué duda cabe que la mayor parte del tiempo lo pasamos vestidos, ya sea porque nuestra vida social lo requiere o por las inclemencias meteorológicas o simplemente porque también nos gusta la ropa. Esto no quiere decir que debamos negar nuestro bello cuerpo, y tan bien como nos vestimos podamos desvestirnos sin complejos.

Así es que ya lo sabes, la próxima vez que nos veamos, tal cual lo diría S.N.E.M. a quién sigo en su página: ¡desnúdate, tenemos que hablar!

Quique



Imágenes: 
Algunas de las fotos en esta publicación provienen de Google. Si encuentras una tuya y no quieres que esté en nuestro blog, avísanos y lo eliminaremos.

domingo, 26 de mayo de 2019

La Cala del Pino



Cala del Pino












La Cala del Pino se encuentra en la parte más oriental de la provincia de Málaga, en Maro, a unos 6 km al este de Nerja dirección hacia Motril. Se encuentra situada entre la playa de Las Alberquillas y la Torre del Pino, escondida entre acantilados y dentro de un paraje natural protegido.

Recordando su tradición nudista


Aparcamiento
Para llegar a ella hay que ir por la N-340 y en la parte superior del acantilado de la cala del Pino hay un pequeño aparcamiento. Para bajar hasta la playa hay que hacerlo obligatoriamente a pie por un camino bastante empinado, por lo que no es una playa accesible a quien, por la causa que sea, tenga su movilidad limitada y que hay que tener en cuenta si se va con niños y/o excesivamente cargado con el material necesario para pasar el día de playa. Es un camino de unos 200 o 300 metros, que se bajan en unos 5-10 minutos, aunque la subida será más prolongada y cansada, que requerirá un esfuerzo extra tras el día de playa.

Inicio de bajada

Entrada al carril de bajada

Camino de bajada
Continuamos bajando

Tramo inferior (vista subiendo)

Tramo final


Viendo como es el acceso a la misma es de suponer que en la playa no haya ningún tipo de instalaciones, careciendo de socorristas, bandera de señalización de peligro, duchas, ni chiringuitos. Por lo que todo lo que quieras tener te lo tendrás que llevar, recomendándote que no te olvides del protector solar, agua, algo de comida y una buena sombrilla. El bañador te lo puedes olvidar si quieres.

Parte izquierda

La cala no es muy grande, tiene unos 350 metros de largo y una anchura de entre 10 y 20 metros, según la zona. Está “dividida” en dos partes por una gran roca que existe en su parte media. Como todas las playas de la zona su suelo es de gravilla oscura, mezcla de arena, piedras y pequeños chinos. El agua, suele ser limpia y cristalina y el oleaje suele ser de calmado a moderado. Por ello, es un lugar ideal en el que practicar snorkel pudiendo disfrutar de la visión de muchos bancos de peces y fauna marina, así como de afloramientos rocosos, cuevas y formaciones submarinas.

Parte derecha

Aunque es una playa de tradición nudista, atraídos por su belleza también la frecuentan textiles, siendo más numeroso el nudismo en la parte derecha, tras la roca que separa las dos partes de la playa. La ocupación de la misma no suele ser muy alta ya que el acceso es complicado y el aparcamiento no es muy numeroso, pero en verano suele ser bastante frecuentada.

Es una playa tranquila y relajada, en un paraje natural protegido, donde disfrutar de la serenidad y del sonido del mar, que os recomendamos que la visitéis y la disfrutéis desnudos.

Nakedu