Es curioso cómo para atacar a las personas que
practican el nudismo uno de los argumentos que se esgrime es la catalogación de
que ese lugar es una playa familiar. Desde que comencé a frecuentar playas de
tradición nudista y mucho antes de formar yo mi propia familia con mi pareja,
siempre me llamó la atención este argumento, pues muchas eran las veces en las
que estando nosotros dos solos en la playa, desnudos por supuesto, se colocaban
cerca de nosotros familias con niños pequeños. Normalmente estas estaban
compuestas por una pareja y uno o dos críos de pocos años. Lo más común es que
todos se desprendieran de sus bañadores y pasaran el día entre juegos, risas y
alguna discusión entre los hermanos.
Y ya entonces, a veces, reflexionaba en
torno al comportamiento de los niños en una playa textil y una nudista y
siempre llegaba a la misma conclusión: es la misma. Un niño, cuando llega a una
playa, en lo único que piensa es en jugar con la arena, si hay más niños y
congenian se unen en sus juegos y si tiene hermanos se pelea y juega con él
igual que en otro sitio y le importa bien poco todo lo que le rodea. Un niño en
una playa se baña, se revuelca por la arena y mancha a todos los que le rodean.
Anda por la toalla llenándola toda de arena y luego cuando se quiere sentar te
dice a ti, el adulto, que la sacudas. Un niño en la playa chilla, se niega a
comer o come como si no hubiera un mañana y ya está. A los niños todas esas cargas morales
que tenemos instaladas los adultos les importan poco, siempre que no se las
hayamos instalado nosotros en sus cabezas.
Con el paso del tiempo, yo he
formado una familia. Mis hijos en este momento son pequeños, uno tiene seis años
y la otra tiene dos. Ven a sus padres desnudos por casa desde que nacieron, no
nos escondemos porque ellos estén delante y no perciben el cuerpo desnudo como
algo que haya que esconder. Las playas nudistas no pueden catalogarse como
lugares en los que no hay niños porque simplemente es incierto. Las familias
nudistas existen y vamos a la playa como cualquier hijo de vecino, cargados con
la sombrilla, la nevera con las bebidas, las sillas, las toallas, las cremas
protectoras, las palas o la pelota y el cubo con la pala y el rastrillo, la
fiambrera con los filetes empanados y la tortilla de patatas, que nadie sabe
por qué pero en la playa sabe a gloria bendita aunque esté llena de arena. Y
hacemos lo mismo que los demás, nos bañamos, nos tumbamos y observamos a los
que nos rodean.
El
problema está en la mente del que mira, esa es la realidad en la mayoría de los
conflictos que hay en la sociedad actual. El que ve como distinto al otro por
su color de piel, por su sexo, por su religión, por su elección sexual o por ir
desnudo o tapado en la playa y sólo por eso lo tilde de malo. Un niño al nacer
está libre de prejuicios de todo tipo, incluido el nudismo. Hasta cierta edad
los niños no entienden la diferencia que hay entre un niño y una niña, un
hombre o una mujer. Ellos sólo ven a la persona y dentro de esta categoría sólo
les interesas si eres alguien con quien jugar.
De modo que decir que en la
playas en las que haya gente desnuda no debe haber niños o al contrario es un
absurdo, si tenemos en cuenta que a ese ser al que creemos estar protegiendo
escondiendo la verdad de cómo somos sin ropa, en realidad le estamos frenando
para la comprensión de esa realidad, que no es otra que la de que somos seres
sexuados y que cuanto mejor nos conozcamos y más nos respetemos, mejor irá el
mundo.
Macarena
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