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martes, 16 de octubre de 2018

A la playa en familia



     Es curioso cómo para atacar a las personas que practican el nudismo uno de los argumentos que se esgrime es la catalogación de que ese lugar es una playa familiar. Desde que comencé a frecuentar playas de tradición nudista y mucho antes de formar yo mi propia familia con mi pareja, siempre me llamó la atención este argumento, pues muchas eran las veces en las que estando nosotros dos solos en la playa, desnudos por supuesto, se colocaban cerca de nosotros familias con niños pequeños. Normalmente estas estaban compuestas por una pareja y uno o dos críos de pocos años. Lo más común es que todos se desprendieran de sus bañadores y pasaran el día entre juegos, risas y alguna discusión entre los hermanos. 


     Y ya entonces, a veces, reflexionaba en torno al comportamiento de los niños en una playa textil y una nudista y siempre llegaba a la misma conclusión: es la misma. Un niño, cuando llega a una playa, en lo único que piensa es en jugar con la arena, si hay más niños y congenian se unen en sus juegos y si tiene hermanos se pelea y juega con él igual que en otro sitio y le importa bien poco todo lo que le rodea. Un niño en una playa se baña, se revuelca por la arena y mancha a todos los que le rodean. Anda por la toalla llenándola toda de arena y luego cuando se quiere sentar te dice a ti, el adulto, que la sacudas. Un niño en la playa chilla, se niega a comer o come como si no hubiera un mañana y ya está. A los niños todas esas cargas morales que tenemos instaladas los adultos les importan poco, siempre que no se las hayamos instalado nosotros en sus cabezas.

     Con el paso del tiempo, yo he formado una familia. Mis hijos en este momento son pequeños, uno tiene seis años y la otra tiene dos. Ven a sus padres desnudos por casa desde que nacieron, no nos escondemos porque ellos estén delante y no perciben el cuerpo desnudo como algo que haya que esconder. Las playas nudistas no pueden catalogarse como lugares en los que no hay niños porque simplemente es incierto. Las familias nudistas existen y vamos a la playa como cualquier hijo de vecino, cargados con la sombrilla, la nevera con las bebidas, las sillas, las toallas, las cremas protectoras, las palas o la pelota y el cubo con la pala y el rastrillo, la fiambrera con los filetes empanados y la tortilla de patatas, que nadie sabe por qué pero en la playa sabe a gloria bendita aunque esté llena de arena. Y hacemos lo mismo que los demás, nos bañamos, nos tumbamos y observamos a los que nos rodean.



     El problema está en la mente del que mira, esa es la realidad en la mayoría de los conflictos que hay en la sociedad actual. El que ve como distinto al otro por su color de piel, por su sexo, por su religión, por su elección sexual o por ir desnudo o tapado en la playa y sólo por eso lo tilde de malo. Un niño al nacer está libre de prejuicios de todo tipo, incluido el nudismo. Hasta cierta edad los niños no entienden la diferencia que hay entre un niño y una niña, un hombre o una mujer. Ellos sólo ven a la persona y dentro de esta categoría sólo les interesas si eres alguien con quien jugar.

     De modo que decir que en la playas en las que haya gente desnuda no debe haber niños o al contrario es un absurdo, si tenemos en cuenta que a ese ser al que creemos estar protegiendo escondiendo la verdad de cómo somos sin ropa, en realidad le estamos frenando para la comprensión de esa realidad, que no es otra que la de que somos seres sexuados y que cuanto mejor nos conozcamos y más nos respetemos, mejor irá el mundo.

Macarena



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