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martes, 8 de agosto de 2023

Topless: consejos para que estos temores no te impidan practicarlo

El temor a sentirse observadas o una baja autoestima son dos razones por las que muchas mujeres no se atreven a hacer topless, que se practica ahora menos que hace treinta años. La influencia de las redes sociales tiene buena parte de la culpa.



En realidad, no son los pechos. El escándalo viene de esos dos círculos de piel morena que se sitúan en el centro. Las areolas son la puerta de entrada a los pezones y el más mínimo resquicio basta para que la mirada asome. Mostrar los senos (femeninos, claro) es noticia. Googlear la palabra “topless” es googlear una lista infinita de apellidos de celebrities (mujeres, claro). La mirada asomada y el clic sobre el enlace. 

¿Por qué el desnudo femenino de cintura para arriba causa todavía tanto revuelo? Dos cifras interesantes: 19% y 43%. La primera son las mujeres francesas que dijeron “sí” a la pregunta “¿haces topless?” en una encuesta realizada por el Instituto Nacional de Estadística de Francia (IFOP) en 2020. La segunda corresponde a la misma respuesta, pero con un matiz a tener en cuenta: la cuestión se lanzó en los años ochenta.



“La discusión en torno al topless femenino continúa viva debido a que aborda numerosas dimensiones delicadas y complejas de nuestra sociedad, tales como la sexualidad, el feminismo y las costumbres socioculturales”, apunta Ana Morales, psicóloga especializada en aceptación corporal. La experta recuerda que “tradicionalmente, el cuerpo femenino ha sido objeto de miradas, sexualizado en exceso y sujeto a control. La noción de que una mujer pueda optar por exponer su cuerpo como ella prefiera todavía reta estos paradigmas anticuados. Algunas personas sostienen que es una cuestión de decoro, mientras que otras lo consideran un gesto de liberación y una proclamación de los derechos femeninos. Este debate subraya la lucha persistente por la igualdad de género y la libertad personal”.

Miren Larrazabal, psicóloga clínica y sexóloga, lamenta los tabúes del cuerpo que persisten a día de hoy. “Creemos que es un tema que está pasado de moda y, sin embargo, en los noventa se hacía muchísimo más topless que ahora”, indica. En este punto, alude a un elemento clave que hace treinta y cuarenta años no existía y que influye sobremanera en cómo la sociedad interpreta el desnudo: las redes sociales. “En ellas, hay una censura hacia los pezones femeninos tremenda”, destaca la experta, quien añade que el poder de estas plataformas, unido a los prejuicios y a la falta de educación sexual, es lo que provoca que sean numerosas las mujeres que no se atrevan con el topless, aun queriendo hacerlo. 


El temor a sentirse observadas:

Sentirse observadas y juzgadas es uno de los principales temores a los que se enfrentan las mujeres en estas situaciones. “El topless atrae muchas miradas, tanto de hombres como de mujeres en un plano distinto. La de los hombres por el tabú que sigue en nuestra sociedad de los pechos femeninos y la de las mujeres, desgraciadamente, por esa mirada crítica”, subraya Larrazabal, también presidenta de la Sociedad Internacional de Especialistas en Sexología (Sisex).  

Asimismo, la experta hace referencia a la idea de que “hay niños pequeños que, por sus padres, no pueden ver unos pechos de mujer en la playa, pero ¿qué se está mostrando que esté prohibido para un niño?, se pregunta, y añade: “No hablamos de sexo, sino de mostrar una parte del cuerpo femenino”. 

El temor a sentirse observada puede tener un impacto significativo en cómo una mujer se siente consigo misma y cómo se comporta en el mundo. Esto lleva a la ansiedad, la inseguridad y a una baja autoestima. Puede hacer que se sienta excesivamente preocupada por sí misma y tener un comportamiento defensivo, limitando su libertad para expresarse y disfrutar plenamente de su vida”, expresa Morales. Por todo ello, continúa, el topless puede ser para la mujer “una experiencia incómoda o estresante”. 



En el párrafo anterior se ha dejado leer una palabra clave: autoestima, muchas veces únicamente sustentada por una parte del cuerpo. Al respecto, Larrazabal manifiesta que “la autoestima es la aceptación incondicional de la valía que tienes como ser único y no depende de que seas guapa. Hay que fomentarla sobre tu valor humano, no físico”. En este sentido, los cánones de belleza establecidos afectan a la manera en que las mujeres perciben y valoran sus propios cuerpos. “Cabe destacar que estos estándares cambian con el tiempo, lo cual puede generar incertidumbre. Por ejemplo, en la década de 1990, las modelos exitosas solían ser excesivamente delgadas y sin curvas, mientras que en la actualidad se ensalzan los cuerpos delgados pero tonificados, con una figura en forma de reloj de arena”, declara Morales.

Según la psicóloga, “estos ideales, que a menudo resultan inalcanzables y restrictivos, pueden conducir a que las mujeres se sientan insatisfechas con su apariencia”. Al final, esta falta de confianza influye en la predisposición de las personas para hacer topless.  


Consejos para hacer topless:

Morales aporta una serie de recomendaciones para aquellas mujeres que quieran hacer topless, pero no se atrevan por vergüenza o diversos temores:

  • Cultivar el amor propio. Una buena práctica puede ser tener un diario de gratitud en el que se anoten aspectos que se aprecien de una misma o del propio cuerpo, no solo físicos, sino también de las funciones que realiza, como caminar, bailar o abrazar. Este ejercicio ayuda a reforzar la idea de que el valor de una persona va más allá de su apariencia física.
     
  • Practicar la autocompasión. Es normal tener días complicados y sentirse insegura. Un consejo es imaginar que una amiga está indecisa acerca de hacer topless y qué palabras de aliento y comprensión se le puede decir para trasladarlas hacia una misma.
     
  • Buscar apoyo. Hablar con amigos o familiares sobre estas preocupaciones o miedo puede ser reconfortante.
     
  • Exposición gradual. No es necesario hacer topless en un entorno público inmediatamente. Podría realizarse, primero, en la privacidad del hogar. Más tarde, se puede intentar en un entorno más privado al aire libre, como un viaje de campamento con amigos cercanos. Por último, si la mujer está lista, estaría bien probar en una playa o piscina pública. 
     
  • Enfocarse en las sensaciones. En lugar de preocuparse por cómo se ve, la mujer debe intentar concentrarse en cómo se siente. De esta manera, una recomendación es prestar atención a la sensación del sol o del viento en la piel, la liberación de no llevar un sujetador ajustado y disfrutar de la sensación de libertad. 


Por último, Larrazabal lanza un mensaje a la sociedad en general: "Hay que tener un gran respeto hacia el cuerpo de otros al igual que hacia el de uno mismo. Hay gente que cree que las cosas las tiene que entender para aceptarlas. Si hay personas que quieren hacer topless, no hace falta entenderlo, sino respetarlo".


Enlace a la noticia original, por Alicia Cruz Acal: AQUÍ

martes, 16 de mayo de 2023

Psicología del nudismo: indefensión aprendida versus ultra defensa.


    Quienes leen este blog desde hace años saben que me gusta meterme en jardines y analizar hasta retorcer la psicología del nudismo. Quizá mis teorías no tengan ninguna utilidad práctica y a pocos interesen pero qué le voy a hacer si yo nací lejos del Mediterráneo.

    Hoy quiero hablar de dos tipos de nudistas en relación a cómo nos comportamos (o posicionamos) en nuestra práctica habitual de la desnudez social. Y para ello voy a utilizar la archiconocida teoría de la indefensión aprendida.

    Esta teoría nos explica por qué nos bloqueamos o cuál es la causa de que no seamos capaces de defendernos ante un determinado acontecimiento. La causa es muy sencilla, nuestro comportamiento es resultado del aprendizaje social a lo largo de la vida y ante un hecho concreto no sabemos reaccionar porque en el pasado no nos hemos podido defender ante un hecho similar.  Y no sólo uno, posiblemente es algo que nos ha ocurrido en numerosas ocasiones en nuestro recorrido vital. Conclusión: el recuerdo, aunque inconsciente, nos bloquea y nos impide actuar de otra manera.

    Es muy conocida la fábula del elefante encadenado, que viene a ilustrar la teoría de la indefensión aprendida. Un niño se pregunta por qué tras su actuación el elefante del circo, tan grande, tan fuerte, tan poderoso, no se libera de la pequeña estaca a la que lo amarran hasta la siguiente actuación, tan solo unido por una débil cadena. Un día, su maestro le da la explicación: el elefante del circo no se escapa porque ha estado atado a una estaca como esa desde que era un bebé; en aquel momento lo intentó con todas sus fuerzas y no puedo escapar, desde entonces cree que es imposible liberarse y ni siquiera lo intenta.


    Lo que ocurre tras algunas experiencias negativas en las que no supimos reaccionar o no logramos nuestro objetivo es que interiorizamos que no podemos hacer nada, que no está en nuestras manos llevar a cabo ningún tipo de cambio, convertimos la derrota en esencia de nuestra propia personalidad aunque sea de manera inconsciente.

    ¿A dónde quiero llegar con esto? Ya, ya voy al meollo, es que era importante exponer la teoría por si hay algún despistado que no la conoce. Pongámonos en situación. Se acerca el verano y estamos deseando ir a nuestra playa nudista favorita. Después de un duro año de trabajo y situaciones familiares estresantes por fin te pillas una semana de vacaciones y preparas la maleta con mucho ilusión y  muy poca ropa. Y nada más llegar, quince de julio, sábado, cuarenta grados a la sombra, te plantas en la playa de los muertos en el cabo de gata, previo pago del ticket del parking y la endiablada bajada por un camino solo apto para cabras aventureras como tú. 

    Y la sorpresa es mayúscula cuando la ves llena de bañadores último modelo Gucci. Y te preguntas: ¿dónde leches se han metido los nudistas que llenaban este idílico paraíso en los años noventa?


    Tras cabrearte porque recientemente has leído en algún clickbait que la industria de la moda es una de las más contaminantes del planeta, tienes dos opciones: te vas al final de la playa donde ves arrinconados a dos nudistas contados (uno y dos) para sentirte más protegido en tu desnudo o no haces nada y te dejas puesto el bañador sudado por la raja del culo que te va a tener la zona genital fría y húmeda todo el día. Indefensión aprendida.

    ¿Por qué ocurre esto? Porque no te ves capaz de enfrentarte a tanta gente, porque el "miedo escénico" te paraliza, porque no eres apto para gestionar las multitudes, porque la posibilidad de ser el centro de atención te genera sudores fríos. Y aunque tú no lo sepas en este momento, la culpa de todo la tiene Doña Gabi, que cuando tenías siete años y estabas en 2º de E.G.B. te sacó al encerado delante de todos tus compañeros a que explicases la polinización de las abejas y tú entendiste la reproducción de las ovejas. Vaya liada y vaya bochorno. Maldita y mil veces maldita Doña Gabi porque por su ocurrencia tú ahora no te puedes desnudar y disfrutar de tus felices y merecidas vacaciones en libertad.

    Respiremos. Dejemos tranquila a Doña Gabi, esté donde esté. Porque a pesar de todas las Doñas Gabis del mundo, existe una tercera opción. ¿No sabes cuál es? Pues para esto estoy yo aquí, para contártela: te pones en mitad de toda esa colorida muchedumbre y no esperas ni dos segundos para bajarte las bragas, allí donde más visible eres desde cualquier punto de la playa. Qué gustazo para tus tarzanetes  que necesitaban, como agua de mayo, respirar y saltar de pelo en pelo como si fueran lianas de la selva amazónica.

    Y pasas un día morrocotudo, paseando por la orilla, tomando el sol, nadando, riendo a carcajadas y disfrutando del táper de sandía fresquita que te has llevado en tu nevera azul. No has sido consciente de las miradas o los comentarios a tu alrededor.  Y si has sido consciente, has disfrutado como marrano  en un charco de cada mirada y de cada reproche, incluso del desprecio con el que ese  honrado padre de familia numerosa  te ha gritado que si no te pones el bañador va a llamar a la policía.  Qué gozada de día, cómo lo has disfrutado. 


    Y de pronto, no sabes por qué, te acuerdas del día en que Doña Gabi te sacó al encerado delante de todos tus compañeros, tenías siete años y estabas en 2º de E.G.B., para hablar de la polinización de las abejas y tú entendiste la reproducción de las ovejas. Cómo se rieron (contigo) tus compañeros, qué bien se lo pasaron, te convertiste en leyenda en el cole y esa anécdota aún se cuenta en el grupo de facebook de antiguos alumnos de los salesianos promoción del 82. Te convirtieron en un grande ¡gracias Doña Gabi, allá donde estés!

    Porque el mismo hecho que a otro le generó una paralizante indefensión aprendida, tú lo has podido vivir de manera diferente y te ha generado una reacción al otro extremo: la actitud de ultra defensa. Creo que con la anécdota y la demostrada inteligencia del lector queda claro por qué cuento esto pero por si hay algún despistado, lo desarrollo un poco más.

    Imaginemos una línea continua, en un extremo de la misma estaría la indefensión aprendida y en el otro la actitud de ultra defensa que por supuesto, también es aprendida, nadie nace tan guerrero. Ambos extremos son eso, extremos. En la realidad seguro que la mayor parte de las veces nos vamos a encontrar con actitudes intermedias, pero las que más nos van a llamar la atención son las que se acercan a los extremos.


    Y esto que expongo sin más, como algo anecdótico por si te identificas con lo que cuento, tiene más importancia de lo que parece, porque en función de cómo seamos capaces de actuar, seremos más o menos eficaces en la defensa de nuestros espacios y de la misma práctica del nudismo. No quiero condicionar al lector con mi opinión, prefiero que esta exposición sirva para que cada cual saque sus propias conclusiones, pero sí me apetece dar algunas pistas para la reflexión.

    ¿Comprendemos o criticamos a quien no se desnuda en una playa cuando está invadida de textiles? ¿intentamos ir más allá del hecho, entender sus motivaciones, su posible incapacidad para hacerlo? ¿exigimos que la gente vaya con la bandera y el activismo de manera continua? ¿nos parece que perjudican a la causa nudista y son responsables del retroceso del nudismo? Y... ¿qué pensamos de quien no tiene ningún reparo en desnudarse en cualquier lugar? ¿qué nos hace sentir quien decide desnudarse en cualquier sitio? ¿qué creemos que aporta a la causa nudista el hecho de que alguien se desnude precisamente en lugares donde el desnudo va a generar rechazo o controversia? ¿cómo nos posicionamos ante un señor que se pasea desnudo junto a la catedral de una gran ciudad?


    Personalmente creo que no está de más que nos revisemos de vez en cuando, que reflexionemos sobre nuestra propia actitud y sobre todo, que analicemos la manera en que juzgamos a los demás, porque quizá somos demasiado exigentes y respetamos poco las capacidades individuales. 

    Y tú... ¿de qué extremo de la línea estás más cerca, de la indefensión aprendida o de la ultra defensa?


Eladio.