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lunes, 16 de agosto de 2021

Intima Resort o la apuesta por el clothing optional

Una de los grandes debates que ha existido para los nudistas en los últimos años ha girado en torno a exigir o o no la obligación de quitarse la ropa en espacios de tradición nudista. Para muchos, abrir estos espacios a la convivencia entre nudistas y textiles supondrá perderlos poco a poco. Por ello apuestan a que en los lugares nudistas, que mayoritariamente suelen ser playas pero en los que también se encuentran campings o resorts, solo se pueda estar sin ropa. Con ello, además, se evitan mirones e individuos que tienen cualquier intención menos la de disfrutar sanamente de un día en contacto con la naturaleza. Otros nudistas, en cambio, creen que para facilitar la aceptación y difusión del nudismo se debe facilitar la convivencia entre nudistas y textiles, dejando a cada quien la libertad de quitarse la ropa. Esta opción, que inicialmente podría resultar más lógica y conveniente, no está exenta de riesgos. Al fin y al cabo, los textiles a día de hoy ganan por mayoría a los nudistas y si hablamos de espacios para unos y otros, es obvio que los espacios de los nudistas se cuentan con los dedos de una mano. Las minorías nunca han tenido fácil reivindicar sus espacios cuando ello ha supuesto una cesión de la mayoría.


Por ello, hasta no hace mucho, era de los que defendían la primera opción. Los nudistas nos pasamos la mayor parte de nuestro tiempo siguiendo las reglas y etiquetas de los textiles. Incluso en periodos vacacionales o de ocio es difícil que podamos disfrutar los rayos del sol o conectar con nuestro entorno natural sin tela de por medio. Tenemos que recorrer centenares de kilómetros y gastar algo más de lo que nos gustaría para disfrutar de unos momentos de libertad. Así, creía que lo normal es que en aquellos espacios de tradición nudista se exigiera esta práctica, pues era la única forma de mantenerlos. Con esa exigencia también se ponía un filtro a quienes accedían a estos lugares. Si vas a un lugar donde sabes que hay tradición nudista, lo normal es que te desnudes. Si no estás dispuesto a hacerlo, probablemente debes cuestionarte la idoneidad de visitarlo. 

Sin embargo, esta primavera he tenido la oportunidad de replantearme estas posiciones después de visitar en un par de ocasiones Intima Resort Tulum, un complejo de ropa opcional (clothing optional) en plena Riviera Maya. En Intima Resort el huésped encuentra condominios de una y dos habitaciones en mitad de la selva, pero lo que lo hace especial es su apuesta por la ropa opcional. Poder disfrutar de su gran alberca sin bañador resultaba bastante apetecible pero la experiencia fue mejor aún de lo esperado. Aunque la idea que llevaba era la de que posiblemente fmi esposa y yo fueramos los bichos raros, esta cambió totalmente cuando traspasamos su puerta de entrada. No solo no eramos los únicos nudistas sino que además los nudistas eran mayoría. Eso sí, independientemente de que en un momento dado hubiera más nudistas o más textiles, la convivencia siempre fue agradable y respetuosa.


Una de las cosas que más me llamó la atención fue la oportunidad de entablar conversación con gente de cualquiera de los dos grupos. Incluso tuvimos la oportunidad de interactuar con algunos textiles, hombres y mujeres, que nos manifestaron que era su primera vez en un lugar de ropa opcional. Pasamos buenos rato hablando de experiencias y aventuras y de lo último que nos acordábamos es que ellos iban con bañador y nosotros sin ellos. Realmente habiamos escuchado que esto era frecuente, y en cierta medida lo habiamos experimentado con otros nudistas. Estar desnudo, después de cruzar dos palabras con otra persona, se convierte en algo insignificante y con mucha menos importancia de la que cualquiera puede pensar antes de comprobarlo. Asimismo, hubo quien después de usar el primer día su bañador o bikini completo, en la segunda jornada se animó a quitárselo o practicar topless. Creo que en esos momentos se ganaron nuevos adeptos para la causa nudista.


En Intima Resort se disfruta un ambiente privado, respetuoso y casi familiar, y digo casi porque el acceso es solo para mayores de edad. No es el único resort de ropa opcional de la Riviera Maya, aunque por su tamaño, buen ambiente y atención de sus promotores, creo que es especial. Y lo que más me llamo la atención, sin duda, es la convivencia entre nudistas y textiles. Creo que, como nudistas o naturistas, le tenemos cierto temor a los textiles, y no digo que no sea justificado. Pero, quizá, hasta ahora no hemos sabido exponer adecuadamente lo que nos lleva a ser nudistas ni transmitir las experiencias y el bienestar que disfrutamos con ello. Por otro lado, las nuevas generaciones, que tan lejos están aparentemente del nudismo, están buscando nuevas experiencias con  las que reconectar con la naturaleza, pero ni las obligaciones ni las imposiciones van con ellos. Comprobar que hay otros cuerpos más allá de los que salen en redes sociales y que ellos mismos son quienes eligen estar con bañador o sin él puede ayudar a romper idea preestablecidas. 

Estos días en Intima Resort me llevaron a reflexionar sobre la necesidad de la convivencia entre nudistas y textiles para visibilizar y normalizar el desnudo no sexual, el desnudo social, el desnudo familiar. Y, como consecuencia de lo anterior, a ser consciente de la importancia que tienen estos espacios de ropa opcional para el nudismo. Abrir los lugares de tradición nudista a los textiles no supone ningún retroceso más allá del que, como nudistas, queramos permitir. No somos nudistas para convencer a nadie sino para disfrutar de lo que somos. Y en Intima Resort pude comprobarlo; los resort de ropa opcional están de moda y además es una buena noticia.

Antonio


miércoles, 16 de junio de 2021

Los nuevos años 20, ¿la década del nudismo?

Según la RAE, cada década comienza en un año acabado en 1 y termina en un año acabado en 0. Eso quiere decir que en este 2021 estamos estrenando década y un cambio de década no es cualquier cosa. De hecho, importantes acontecimientos de la historia se han identificado por la década en la que ocurrieron: los felices años 20 o la movida de los 80 son solo un par de ejemplos. Noticias de pandemia aparte, que nos han hecho olvidar guerras, hambrunas y otros problemas humanitarios que no tienen vacuna a día de hoy y después de mucho tiempo, creo que el cambio de década puede ser un buen momento para hacer algunas reflexiones. Y reflexionando llegué a la conclusión de que podemos tener por delante una gran década para el nudismo. Eso sí, seguramente vaya a ser un nudismo diferente al que conocíamos: un nudismo más abierto e integrador, más igualitario y global, más digital y conectado. Y para defender esta afirmación me detengo en algunas tendencias y valores que están adquiriendo un mayor protagonismo en los últimos años y donde el nudismo tiene mucho que aportar:


Sustentabilidad. Es un hecho que tenemos que cambiar la manera de relacionarnos con nuestro planeta. ¿El cambio climático es un proceso natural o ha sido provocado por el hombre? La respuesta se lo dejo a los que saben más que yo sobre el tema, pero lo indudable es que los recursos que nos ofrece la Madre Tierra son limitados y al paso que vamos no nos durarán mucho. Por eso, muchos hemos comenzado a intentar realizar un cambio que no solo afecta a nuestra conducta diaria, como reciclar más o modificar nuestra alimentación, sino que también se refleja en una conexión mucho más directa y cercana con nuestro entorno. Disfrutar de un baño desnudos en la playa o hacer yoga sin ropa en mitad del bosque pueden ser grandes momentos en los que desarrollar ese vínculo con la naturaleza y entender que somos parte de un todo (un todo en el que, por cierto, hay poca ropa, pues esta no deja de ser un invento del humano).


Igualdad. El movimiento feminista ha ganado una gran fuerza en los últimos años y con él, implícitamente, algunas ideas como la descosificación del cuerpo humano y la mirada no sexual del desnudo. Acertadamente, han puesto la atención en quien mira y la han quitado del cuerpo en sí. Además, muy ligado a estos movimientos han crecido también otros que defienden el amamantamiento público o luchan contra la censura del topless, incomprensiblemente tan perseguido hoy en las principales redes sociales. Y hablando de igualdad, no me quiero dejar pasar la lucha contra el racismo y las preguntas que desde algunos colectivos nudistas ya se están haciendo; por ejemplo, ¿por qué tradicionalmente en clubes o lugares nudistas solo se veía gente de raza blanca? El nudismo es, por excelencia, un colectivo integrador donde el respeto hacia los demás comienza por la aceptación de uno mismo y creo que esta premisa será fundamental para avanzar como sociedad. Sin ropa nos damos cuenta de que son menos las diferencias que pensábamos que podían existir entre unos y otros, y a la vez apreciamos la diversidad que nos hace únicos a cada uno de nosotros.



Internet. Después de mucho debate en los últimos años sobre cómo trabajar el nudismo en internet, algo está cambiando. Los nudistas empiezan a hacer un uso más abierto de las redes sociales y a aprovechar los límites u oportunidades que estas les ponen (y no solo quejarse de ellos). Además, se ha ido más allá del contenido y se empieza a cuidar también el continente, con diseños más atractivos y formatos actualizados. Han surgido los primeros "influencers" nudistas como Héctor Martínez o los Naked Wanderings con un reconocimiento que traspasa fronteras y, de alguna manera, los convierte en caras visibles y líderes de un colectivo global. Por otro lado, después de la novedad de la aparición de la red y su uso común empezamos a quitarle importancia a ciertas cosas. Antes, la idea de compartir o que nos robasen una foto desnudos y la publicaran en internet podía aterrarnos; hoy la gran cantidad de fotos y contenido que hay las hacen efímeras. De alguna manera, creo que le vamos perdiendo el miedo a mostrar ciertas cosas en la red, y eso puede ser bueno también para el nudismo. Y otro punto: la red nos ha acercado. Muchos nudistas que antes podían sentirse extraños en sus entornos sociales ahora tienen más cerca que nunca a otros compañeros y amigos de activismo. Este aspecto fortalecerá el sentimiento de comunidad y ayudará a difundir el nudismo a nuevos interesados en esta práctica o forma de vida.


Transformación interna. Siguiendo con el último punto del motivo anterior, se puede ver que de los viejos clubes, asociaciones y federaciones se está pasando a iniciativas individuales o de pequeños grupos, pero conectadas entre sí (ahí están los zooms o entrevistas de gente de Cantarriján, por ejemplo, con Héctor Martínez o la federación irlandesa). Además, creo que habrá un relevo generacional y geográfico, pues en países de América latina, por ejemplo, están creciendo los eventos y foros nudistas impulsados además por gente joven. Internet ha ayudado a darnos cuenta que los nudistas no somos tan extraños ni estamos tan solos y que hay vida y movimiento más allá de la asociación de nuestra ciudad o región. Las decisiones del colectivo nudista no las toma ya un presidente o una junta directiva, ahora todos somos nudismo y todos participamos del mismo.


Hay mucho trabajo por delante y tiempo aún para conseguir la normalización del nudismo que a todos nos gustaría, pero sin duda esta década puede ser muy positiva para ello. Sin ir más lejos, algunos sociólogos ya advierten la llegada de unos nuevos felices años 20 a consecuencia del encierro y la crisis por la que hemos atravesado en el último año, y ello sería un argumento más a favor de que esta década puede ser una gran década para el nudismo. Y tú qué piensas: ¿hay futuro para el nudismo?


Antonio

Las fotos en esta publicación provienen de Google. Si encuentras una tuya y no quieres que esté en nuestro blog, avísanos y lo eliminaremos.

lunes, 16 de diciembre de 2019

Ser un ángel.




Francesca Woodman. Autorretrato


Hace unos días, casi de casualidad, descubrí la obra de una interesante fotógrafa del siglo pasado: Francesca Woodman

Francesca Woodman. Foto: Stephan Brigidi.



Me llamó la atención porque uno de los principales temas de su obra era el desnudo y además en la mayoría de ocasiones tenía a ella misma como modelo. Algo poco común en plena época de la década de los 70.

Francesca Woodman. ‘Me and my roommate’ (Yo y mi compañera de habitación), Boulder, Colorado. 1976.


Francesca Woodman nació en 1958 en Denver, Colorado. De padres artistas, pasó largas temporadas de su infancia y juventud en Italia, donde comenzó su obra. En 1979 se trasladó hasta Nueva York para consolidar su trayectoria como fotógrafa. Sin embargo, las cosas no le salieron como esperaba y acabó cayendo en depresión, lo que le llevó al suicidio en 1981.

Francesca Woodman. Autorretrato.


No obstante, dejó una importante obra en la que predominan las fotografías cuadradas en blanco y negro con un halo de misterio. Sus fondos suelen ser casas o construcciones semiabandonadas con elementos sencillos como espejos o sillas y el elemento central de su obra fue el cuerpo femenino. ¿Qué quería transmitir con ello? Es díficil saberlo con certeza, pero creo que antetodo era una manera de conocerse a sí misma. Un acto de liberación, de expresión, a través del arte y la fotografía que dejó auténticas obras maestras.  

Francesca Woodman. Autorretrato.




































Cuando era aún una adolescente realizó una de sus series más populares. En esas fotografías aparece junto a un hombre adulto, de complexión robusta, en diferentes escenas. Una adolescente y un adulto, ambos desnudos, encerrados en un estudio. Aquello podría no haber gustado a cualquier padre de familia. Sin embargo, los de Francesa supieron que en aquello no había nada sexual (1) y la naturalidad y elocuencia de las fotografías así lo demuestran.



Creo que será difícil descifrar al completo la obra de Francesa Woodman, pero buena parte de su valor reside en ello. Mientras tanto, tienen una buena oportunidad de disfrutar de sus fotografías en la muestra que bajo el título “Ser un ángel”, está abierta hasta el 5 de enero de 2020 en la Fundación Canal (2), Madrid, con entrada libre.

Francesca Woodman. Autorretrato con silueta en harina.

viernes, 16 de agosto de 2019

Los revolucionarios del desnudo: hacia un mundo mejor.


¿Llevamos la revolución en la piel?
     Las revoluciones, más allá de conseguir el objetivo de sus promotores, siempre han provocado cambios. Hace dos mil años, un hombre llamado Jesús de Nazaret determinó el futuro de Occidente, más allá de la fe de cada uno, hasta el punto de que nuestro calendario viene determinado por su nacimiento. Bastantes siglos después, la Revolución Francesa instauró las bases de las democracias modernas y su separación de poderes. 
     La Revolución Industrial convirtió una sociedad rústica en otra maquinizada, que fue la fase beta de nuestra sociedad actual a través del crecimiento exponencial de la tecnología y la ciencia. Son solo tres ejemplos de revoluciones que, desarrollándose a nivel local, tuvieron repercusiones globales y cambiaron el mundo que habitamos hoy nosotros.

"Metáfora de la revolución industrial". Daniel Romero. México.
     
     Hoy, varios movimientos sociales pretenden provocar sus particulares revoluciones. El movimiento ecologista exige que el concepto de sustentabilidad se convierta en acciones reales. Los movimientos LGTB o los que luchan contra la discriminación racial alzan su voz contra los gobiernos de distintos países que ponen en riesgo los avances alcanzados en el reconocimiento de derechos y libertades. Los anticapitalistas, por su parte, están cada vez más asediados contra el sistema de consumo y la precariedad laboral que algunos llaman economía colaborativa. ¿Tienen relación entre sí estos movimientos o están relacionados sus activistas? La respuesta es, como norma general, negativa. Tal vez, a nivel particular, algunos de sus activistas representen ciertos intereses comunes de varios de esos movimientos. Pero como tal, o como principales organizaciones que los representen, las relaciones son escasas y el cambio social difícil por el momento.



Nudista iniciando... ¿su propia revolución?
     Sin embargo, hay un colectivo que une, de manera expresa o tácita, muchas de sus principales reivindicaciones. Se trata del nudismo. El nudismo es, por definición, radical y revolucionario. Se trata de un movimiento antagónico en sí mismo. ¿Hay hoy un movimiento más natural y a la vez controversial que el nudismo?
     Probablemente la respuesta, en este caso, también sea que no. Y en esa contradicción radica su valor revolucionario. Nacemos desnudos, como cualquier otro animal. Sin embargo, rápido nos comienzan a vestir. Más tarde nos enseñan a sentir vergüenza. Y cuando somos adultos, nos prohíben la desnudez. El motivo bien pudiera ser el peligro que puede representar el nudismo para las bases de la sociedad actual. Como nudistas, no entendemos la ropa como parte del lenguaje no verbal que nos da estatus y fomenta el consumismo. Sin ropa, nuestro color de piel da igual porque nos damos cuenta de que somos iguales. Y el morbo de la sexualización con la que nos bombardean a diario desaparece, dándole al sexo el lugar que merece, ni más ni menos, en el ámbito privado. Desnudos desaparece la discriminación por condición de género, sexo o raza y somos más libres y sustentables.


Nudistas por un mundo mejor.

     Es por eso que cuando un nudista se dispone a pasar un rato de tranquilidad y conexión con la naturaleza, al desnudo, sin quererlo está dando un gran ejemplo. Y eso conlleva también una gran responsabilidad. Cada uno de los nudistas lleva en sí mismo un auténtico revolucionario que busca un mundo mejor. Y el mundo, para ser mejor, necesita de más nudistas.

Antonio.