Las distintas asociaciones
nudistas de nuestro país, y supongo que también la de otros países, buscan
constantemente renovar sus actividades y ofrecerlas a los diferentes grupos de
población con características muy definidas para que sus propuestas sean atractivas.
Así, podemos hablar de grupos
familiares, del sector femenino o de la gente más joven por citar algunos
ejemplos.
Cada grupo social necesita ver
que encaja en una asociación, que se le ofrece lo que busca o que sin buscarlo
ve atractivas las propuestas.
En el último de los casos
referidos o sea el de los menores de 30 años se apuesta por ofrecer unas cuotas
lo más económica posible dado que por lo general el poder adquisitivo de este
sector de población es más reducido.
Pero ¿Es suficiente esta medida para atraer a las nuevas generaciones?
Intentemos analizar las
distintas realidades del nudismo en nuestro país con referencia a los jóvenes.
Creo que si bien una cuota
accesible para ellos es fundamental, no debe ser la única medida que se tome.
Hace mucho tiempo que venimos
viendo como la media de edad en las asociaciones nudistas es cada vez más alta,
como en las playas, cámpines o eventos nudistas programados se nota cada vez
más la ausencia de juventud.
Hace unas semanas pregunté en
redes sociales ¿cuántos seguidores eran menores de 30 años? Poco más del 10% de
las respuestas reconocieron serlo y un dato curioso es que al preguntar ¿qué esperas de una asociación nudista? todas las respuestas de las personas en
esta franja de edad fueron demandando que haya gente de su edad. Eso sí, ni una
sola respuesta femenina.
Las familias suelen hacer participar
a sus hijos pequeños de su estilo de vida, sí es verdad que se ven niños y niñas
correteando desnudos en las playas, pero esto dura poco, una vez llegan a la
adolescencia va menguando su presencia sin bañador. Siguen acudiendo con sus
padres unos años más, pero es clara la tendencia a no querer desnudarse.
Conozco casos muy cercanos de
amigos que, habiendo educado a sus hijos en la filosofía del nudismo, caen en
la realidad de que una vez alcanzada una determinada y muy temprana edad, estos
mismos niños deciden que ya en adelante usarán bañador.
La presión social es muy alta
en este aspecto, es verdad que la juventud da mucha importancia a lo que entre
sus amigos o compañeros se estile, unido a la rebeldía propia de la edad, se
entiende que quieran llevar la contraria a lo que proponen sus padres.
Pero en este caso, pasada esa
edad de rebeldía deberían ya valorar por ellos mismos y no dejarse llevar por
lo que diga el grupo. Pero no es así.
Si a esta presión mediática
cercana le sumamos la tendencia en los últimos años a dejarse llevar por lo que
opinen gentes que ni conocen, y que manejan los gustos de las masas a través de
las redes sociales, es muy difícil, estando en minoría luchar contra tremenda
manipulación.
El culto al cuerpo es otra de
las barreras que pone la sociedad en la que vivimos, la fantasía de que
únicamente los cuerpos de revista pueden desnudarse y mostrarse no deja lugar a
que los cuerpos normales, los de cualquier ciudadano de a pie con sus
diferencias y peculiaridades puedan quitarse el disfraz de la ropa.
Y yo me pregunto no solo cuál
es la manera entonces de atraer a la gente joven a la implicación que
representa el asociarse y comprometerse con esta causa, sino también a
disfrutar del nudismo, al simple hecho de quitarse el bañador y con él, los
tabúes y prejuicios.
Si estamos viendo que en una temprana
adolescencia renuncian al placer de estar desnudos, habiéndolo vivido en sus
familias. ¿Qué debemos ofrecer a esos niños y niñas para que se sientan cómodos
sin ropa?
Y ya de jóvenes adultos ¿cuál
sería el camino que debemos seguir para que ellos quieran ser parte de este
estilo de vida?
Si tú, lector, estas en este
grupo de jóvenes y quieres darme tu opinión, por favor hazlo y ayudarás a las
asociaciones nudistas y a mí mismo a despejar estas incógnitas.
Quique




