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martes, 16 de enero de 2024

Vello púbico y nudismo: la batalla de la fotografía por representar el cuerpo desnudo (Parte 2)

 



La fotografía del desnudo, a juicio

Este fue el caso de las fotografías de Horace Narbeth, conocido profesionalmente como "Roye", cuyas imágenes prolíficas y comercialmente adaptables se reutilizaron para una amplia gama de audiencias y argumentos.

Las fotografías de Roye, siempre de mujeres jóvenes, a menudo posadas al aire libre, articulaban simultáneamente nociones abstractas de "belleza" y "feminidad" en libros de arte e ideas sobre "libertad" y "naturaleza" en publicaciones nudistas. Proporcionaban orientación técnica en revistas de fotografía, mientras que excitaban en folletos de pin-ups.


Roye se había sentido frustrado durante mucho tiempo con las regulaciones británicas sobre obscenidad y jugó con lo que percibió como sus hipocresías en su publicación de 1942, Phyllis in Censorland.

El diseño de la portada mostraba a la bailarina de cabaret Phyllis Dixey, la llamada reina británica del striptease, desnuda sobre una alfombra de piel de tigre, pero con los senos y genitales ocultos por los lápices azules de la censura.


Su contenido se componía de fotografías de desnudos y casi desnudos, acompañadas de versos burlones. Cada poema ridiculizaba a quienes buscaban proteger la moral pública mientras disfrutaban de los placeres privilegiados de la vigilancia.

Roye reeditó su libro a mediados de la década de 1950 cuando la incautación de material impreso por motivos de obscenidad estaba en un nuevo nivel.

El gobierno conservador de 1951 supervisó el aumento de las órdenes de destrucción y extendió los castigos en un período en el que las revistas baratas estaban en auge. El deseo de contenerlas llevó a una prolongada lucha legal.

En 1954, por ejemplo, se incautaron alrededor de 167.000 libros y revistas, y las penas de prisión oscilaron entre tres y 18 meses. En su entusiasmo por defender la moral pública, los magistrados ordenaron la destrucción de eminentes obras artísticas y literarias, incluido el Decamerón del siglo XIV de Boccaccio.

En 1958, Roye dio un paso más y lanzó una serie de suscripción privada de desnudos sin retocar bajo el título Unique Editions. Reutilizando negativos anteriores, incluidos los que se incluyeron previamente como ilustraciones retocadas en revistas nudistas, los volúmenes cubiertos de ante incluían fotografías de modelos femeninas desnudas con vello púbico visible, cuidadosamente intercaladas entre páginas de pañuelos que le conferían valor artístico y una sensación de revelación.

Si bien el contenido incluía desnudos de estilo naturista en entornos rurales, que podrían ofrecer cierta protección legal, las fotografías atrajeron la atención de la policía. Se incautaron mil copias del estudio de Roye. Fue llamado a tribunales.

Ante el jurado, Roye se posicionó en la vanguardia estética. Retocar, argumentó, era un sacrificio de "integridad artística". Su abogado defensor argumentó que:

Los estándares habían cambiado desde 1868, cuando las imágenes de Venus, en la Dulwich Gallery, sorprendieron a los londinenses; y sería poco realista decir que, en 1958, una fotografía de una mujer sin ropa era algo obsceno.

Roye construyó un caso que se basó tanto en su posición caballerosa como en su condición de fotógrafo profesional. Recopiló cartas de apoyo defendiendo el beneficio público de ver fotografías de desnudos. Sus partidarios compartieron argumentos con nudistas que creían que los delitos sexuales serían eliminados y la mojigatería victoriana anulada.

En el caso de Roye, sin embargo, la necesidad pública de apertura y exhibición corporal parecía aplicarse solo a la visión de la carne de las modelos femeninas jóvenes. No obstante, fue absuelto.

El enjuiciamiento de Roye coincidió con propuestas para revisar la Ley de Publicaciones Obscenas. Tras la mofa pública por la incautación de obras culturales aclamadas, las enmiendas de 1959 eximieron del procesamiento el material con mérito literario o artístico.

El desnudo fue destacado para su mención en las discusiones parlamentarias sobre el problema de la definición.



El secretario del Interior Rab Butler señaló que los desnudos podrían usarse para conferencias sobre historia del arte "para inspirar al pintor o fotógrafo o, por otro lado, degradarlos a los fines de los productos del pornógrafo".

Aunque los parlamentarios argumentaron que era "fácil distinguir entre el Cantar de los Cantares y una colección de fotografías salaces", el problema era la evaluación del material intermedio.

Libertad de visión

No todos los fotógrafos de desnudos tuvieron tanto éxito en los tribunales.

Ethelred Jean Straker era un fotógrafo que dirigía un ajetreado estudio en el Soho londinense durante las décadas de 1950 y 1960, brindando clases para aficionados, en su mayoría hombres, en la producción de "estudios de figuras artísticas", o fotografías de desnudos con modelos, siempre mujeres.

Straker probó las leyes de obscenidad revisadas, pero a diferencia de Roye, recibió veredictos de culpabilidad.

En 1958, produjo un libro de fotografías de desnudos con pastiches de pinturas clásicas, con tratamientos de iluminación experimentales en entornos eclécticos. Representaba modelos femeninas entre sombras amenazantes, tapas de cubos de basura, celofán y verduras.

Publicado en tres idiomas, el libro de Straker obtuvo críticas positivas de luminarias artísticas, pero mostró solo una pequeña y desinfectada selección de su producción de desnudos, que se extendió a unos 10.000 ejemplos e incluyó primeros planos de senos, glúteos y genitales de mujeres.

La gama completa del trabajo de Straker se podía ver y comprar a través de su galería Femina, encima de su estudio de Soho. En los anuncios de sus servicios, Straker describió el desnudo femenino con entusiasmo como "un microcosmos de las fuerzas que actúan sobre la mente y las emociones de la persona creativa".

Afirmó que sus estudios ofrecían "no solo un sentido de percepción afectiva, sino también una fuente de evidencia anatómica intacta".

A pesar del encuadre artístico, psicológico y clínico de Straker, sus desnudos llamaron repetidamente la atención de la policía. En 1961, la policía allanó sus instalaciones e incautó casi 2.000 tarjetas publicitarias y negativos, la mayoría de los cuales se consideraron obscenos.

En 1962, en el Tribunal Superior, Straker fue una espina clavada en el costado de la acusación. Muy informado sobre la Ley de Publicaciones Obscenas de 1959, Straker recordó al tribunal su obligación de "defender y autorizar las libertades de expresión del artista".

Utilizando su juicio como una tribuna, declaró que "ya no estaba en el poder de ningún magistrado utilizar una herencia relegada de ortodoxia autoritaria para establecer reglas sobre cómo un artista fotográfico debe retratar la anatomía femenina o arreglar los miembros de una mujer".

A pesar de las súplicas por el valor de su trabajo para el arte y la ciencia, Straker perdió el caso y fue multado con 150 libres (alrededor de 5.000 libras al valor actual, unos US$6.600).

Sin inmutarse, continuó vendiendo desnudos "sin retoques" por pedido por correo hasta que fue procesado nuevamente en 1965.

En ese momento, Straker era consciente de cambios más amplios en las actitudes del público hacia los cuerpos desnudos, especialmente entre la nueva generación, y se convirtió en un activista contra la censura que clamó por la "libertad de visión" junto con la libertad de expresión.


En 1967, ocupó los titulares cuando la revista estudiantil de la Universidad de Oxford, Oxymoron, publicó uno de sus desnudos femeninos sin retocar. Titulado "Adoración al Sol", el tema era un estilizado retrato de estudio de una bañista que se aplicaba loción solar bajo la sombra de un árbol.

La impresión había sido uno de los materiales incautados anteriormente en una redada policial, pero una década después se publicó con la autorización de la universidad y no fue procesada, lo que ilustra los tiempos cambiantes.

A fines de la década de 1960, la guerra por mostrar más carne estaba completa. Batalladas en gran parte por fotógrafos masculinos sobre los cuerpos de las mujeres, se habían ganado las llamadas "guerras rosadas". Los desnudos fotográficos sin retoques se publicaron abiertamente en revistas pornográficas, periódicos naturistas y libros de arte por igual.

Nuevos debates sobre el desnudo y la censura

Si esto condujo a una mayor liberación corporal, especialmente para las mujeres jóvenes que tienen más probabilidades de ser representadas, fue una cuestión planteada por las feministas en ese momento, y sigue abierta para el debate.

Incluso después de que se rompieron las barreras permisivas y se habilitara una mayor visibilidad corporal, la trayectoria de la representación del desnudo no ha sido sencilla. Las campañas de visibilidad continúan surgiendo en la actualidad con nuevas agendas en la representación del desnudo.

Free the Nipple (Libera el pezón), por ejemplo, hace afirmaciones similares en sus llamados a liberarse de la censura en las redes sociales. Al igual que las protestas anteriores contra el retoque fotográfico de los genitales, sus activistas ven la caracterización del cuerpo de las mujeres tanto como sexual y ofensiva -cuando el topless masculino se considera neutral- como ilógica.

Pero a diferencia de los anteriores activistas en contra de los retoques, ahora son en su mayoría mujeres jóvenes las que lideran, crean las filosofías, toman las fotografías y controlan el consentimiento.


¿Por qué la exhibición de desnudos sigue siendo tan tensa? El problema sigue siendo el contexto y la intención. Los naturistas han argumentado firmemente que la desnudez social puede ser no sexual, y el naturismo ha protegido ferozmente el estatus legal.

Las fotografías de cuerpos desnudos, sin embargo, naturistas o no, pueden servir para una variedad de propósitos y, como todas las fotografías, están abiertas a una amplia gama de lecturas y significados, reinterpretaciones y reutilización.

Los fotógrafos y editores pueden defender el valor de los desnudos frontales completos para comunicar salud, arte y libertad, pero incluso las fotografías producidas para la comunicación no sexual pueden servir para fines sexuales.

En las redes sociales, donde las cantidades fotográficas son enormes y en su mayoría analizadas por máquinas, es más fácil para Facebook aplicar prohibiciones generales que involucrarse con las complejidades de las imágenes de desnudos individuales.

Si bien afirma que sus políticas se han vuelto más matizadas con el tiempo, aún son incapaces de hacer frente a los límites, a veces sutiles, entre categorías. Facebook reconoce que los desnudos se pueden usar "como una forma de protesta, para crear conciencia sobre una causa o por razones educativas o médicas", y dice que hacen concesiones "cuando esa intención es clara".

Sin embargo, muchas formas de exhibición corporal, incluso en la práctica artística, no se ajustan a los marcos de Facebook, y la intención es notoriamente difícil de medir en una fotografía.

Estas fueron las distinciones técnicas y semánticas en las que los casos judiciales de fotógrafos desnudos se ganaron y perdieron históricamente, y las cuestiones de intención y uso permanecen hoy.

Al final de la Segunda Guerra Mundial, el nudista Michael Rutherford se dirigió a los "historiadores del futuro" en su guía de campo, titulada "Naturismo británico". Predijo que los eruditos considerarían la práctica "entre los acontecimientos significativos e importantes de este, el siglo XX".

Escribió: "Si nuestros nietos pueden decir de nosotros, a medida que crecen hasta una aceptación sana de sus propios cuerpos: '¿Por qué hicieron todo ese alboroto...?' habremos cumplido con nuestra parte".

Pero un siglo después de la fundación del nudismo como movimiento social, y 50 años desde que se pudieron imprimir fotografías de desnudos no manipulados sin temor a ser procesados, la censura actual de desnudos en las redes sociales parece regresiva.

Somos los nietos de Rutherford, pero ciertamente no tenemos las actitudes "cuerdas" hacia la desnudez que él predijo.

Fuente: https://www.bbc.com/mundo/noticias-59536553

*Este artículo se publicó originalmente en The Conversation.

Annebella Pollen es profesora de Historia del Arte y Diseño en la Universidad de Brighton.

martes, 6 de septiembre de 2022

Nudismo en el Manzanares: así combatían las olas de calor en el Siglo de Oro

 
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Baños en el Manzanares en el paraje del Molino Quemado (Museo de Historia de Madrid) ABC

La costumbre de los españoles de bañarse desnudos en los ríos, hombres y mujeres juntos, no concordaba con la idea de aquella España católica preservadora de la «buenas costumbres morales»


La imagen de una Edad Media oscura, fanática, insalubre, dominada por los hombres y obsesionada con la represión sexual se repite en cada escena de cine y pasaje de literatura que elige este periodo para ambientarse. Con la misma poca precisión histórica, en el caso español se extienden estos tópicos a principios de la Edad Moderna, de modo que la tétrica estampa de la España de los Reyes Católicos y de la posterior sobriedad de los Austrias lo domina todo. Nada más lejos de la realidad...

En cuanto se acude a las fuentes del periodo, desde estampas cotidianas a escritos y cartas, resulta fácil refutar mitos como que marido y mujer no se veían jamás desnudos o que «ir en pelota» (del vocablo pellote, prenda que iba sobre la saya o el brial durante los siglos XIII y XIV) era prácticamente un pecado. Desde su cuenta en Twitter y en sus blogs Indumentaria y costumbres en España (desde la Edad Media hasta el siglo XVIII ) e Historias para mentes curiosas, la experta Consuelo Sanz de Bremond Lloret se dedica a diario a desmitificar este tipo de tópicos fuertemente arraigados en la mente de la gente y a señalar episodios desconocidos de nuestra historia.

Buen ejemplo de ello es la costumbre de los españoles de bañarse aún en el Siglo de Oro desnudos en los ríos, lo que, a ojos de los viajeros, no concordaba con la idea de esa España católica, preservadora de la «buenas costumbres morales» . En su blog, esta experta en indumentaria de la Edad Media y el Siglo de Oro relata que hombres como mujeres acudían en el siglo XVI y XVII al río durante las fiestas veraniegas para disfrutar, sin tapujos, de sus aguas. Algunos usaban camisas para bañarse, pero otros no dudaban en hacerlo sin nada encima. También era habitual hacerlo cuando el sol ya se había puesto.

Hombres como mujeres acudían en el siglo XVI y XVII al río durante las fiestas veraniegas para disfrutar, sin tapujos, de sus aguas

De este nudismo en el Manzanares, el genio de las letras Francisco de Quevedo se refiere en uno de sus romances:

«Descubre Manzanares secretos de los que en él se bañan
Manzanares, Manzanares,
arroyo aprendiz de río,
tú que gozas, tú que ves
en verano y en estío
las viejas en cueros muertos,
las mozas en cueros vivos».
Otro tanto de lo mismo decía el novelista y dramaturgo Luis Vélez de Guevara en su obra ' El diablo Cojuelo' (1641):
«Daban en Madrid, por los fines de julio, las once de la noche en punto, hora menguada para las calles y, por faltar la luna, jurisdicción y término redondo de todo requiebro lechuzo y patarata de la muerte. El Prado boqueaba coches en la última jornada de su paseo, y en los baños de Manzanares los Adanes y las Evas de la Corte, fregados más de la arena que limpios del agua, decían el «Ite rio est»
Venus del espejo, pintura de desnudo femenino por Diego Velázquez ABC
En este sentido, Consuelo Sanz de Bremond Lloret destaca en su entrada dedicada a esta curiosa costumbre madrileña la impresión que causaba la costumbre a los viajeros y visitantes venidos de fuera de la Península Ibérica. Es el caso del Cardenal Francesco Barberini , que anotó en su diario en 1626:
«(…)en cada fiesta el Diablo quiere su propio altar, y así, si por una parte se desarrollan adecuadamente tal y como apenas [se ha descrito], por otra el desorden no es poco ya que, por el calor que trae la estación y por hacerse la vigilia en esta noche [23 de junio], gran parte de la ciudad y sobre todo las mujeres, va a aquel río Manzanares, al puente Segoviano, y allí gentes del populacho, tanto hombres como mujeres, se lavan entremezclados con poco recato para el servicio del alma. Aquellos otros de [mejor] condición pasan la velada yendo de arriba abajo, así como entrando con las carrozas en el río para gozar de las locuras de estos [primeros]. Acostumbran la mayoría de las mujeres a acudir aquí esta noche y al amanecer [aparecen] desgreñadas, adornando las carrozas y los caballos con vegetación y flores, que en definitiva parece una arcadia, el Siglo de Oro respecto de la libertad y de la poca vergüenza. Entre estas [mujeres] se ve también a gentiles damas que con el pretexto de creer que el fresco de aquella noche les hará bellas sus cabelleras y se las mantendrá, descienden de sus carrozas y con el acompañamiento adecuado despeinadas caminan paseando y pavoneándose».

La extraña alianza
Siglos después de aquellas estampas, a principios del siglo XX, nació el movimiento Naturista en Europa . En 1898, se fundó en la Alemania occidental el primer ‘Freikörperkultur’ (FKK) , un club donde los amantes de la desnudez en lugares públicos podían compartir su particular afición. El movimiento, que heredaba muchas de las ideas de los higienistas decimonónicos, enemigos de la Industrialización, defendía la «libre cultura del cuerpo» y una convivencia plena con la naturaleza. De Croacia a Francia, la extraña moda se extendió por Europa.
Cartel prohibiendo el nudismo en el mar Báltico ABC

En Alemania , una parte importante de este movimiento de exaltación del cuerpo y del campo devino en una corriente nacionalista que exaltaba la sangre germana; sin embargo, paradójicamente, encontró un abrupto final con el ascenso del Nacionalsocialismo, que, lejos de seguir promoviendo estas prácticas, prohibió de facto el nudismo. Al contrario que allí, como explica Carmen Cubero Izquierdo en su libro 'La pérdida del pudor. El naturismo libertario español' , este movimiento llegó a España vinculado, en parte, a las corrientes anarquistas de principios del siglo XX. Se hiló así ideológicamente el Naturismo a la denuncia del sistema moral conservador y, en eso sí como en otros países, al rechazo por la vida urbana y el hacinamiento.

En los albores de este movimiento, los recovecos del río Manzanares se convirtieron en un lugar habitual de reunión tanto para grupos anarquistas como para hombres y mujeres «desnudistas» (como se las llamaba entonces) que hacían excursiones por esta zona, en ocasiones armados con rifles para protegerse de redadas y detenciones policiales. Tomaban baños de sol tal y como lo hacían sus antepasados para volver a unirse a la naturaleza y lograr su emancipación, según defendía este movimiento.

Fuente: https://www.abc.es/historia/abci-desnudos-y-banos-mixtos-manzanares-historia-inedita-siglo-201906210144_noticia.html